Alma de laúd

laudzyriab

Me llamo Cud y soy un viejo laúd de origen árabe que llegué al Reino de Tudmir en el siglo IX. No piensen que soy un instrumento cualquiera, ya que fui fabricado con una cuerda doble adicional siguiendo las indicaciones del gran músico kurdo Zyriab. No puedo competir en elegancia con un laúd moderno, pero mi envidiada sonoridad se mantiene intacta desde que fui concebido. Es una pena que no conserve mi memoria al mismo nivel, pero trataré de contarles las historias sobre música que aún recuerdo sobre esta tierra tan peculiar del sureste de España y que tanto quiero.

Cuando llegué al Reino de Tudmir, me encontré en una tierra fértil donde la gente vivía en paz. Sus habitantes de origen visigodo y judío, eran tan respetados por los árabes que no temían por sus bienes ni por mantener las tradiciones que heredaron de sus antepasados. Creo que es una pena que estas tierras del reino recorrido por el wādī Tād.rū (para ustedes el río Thader y después Segura) hayan sufrido tantos cambios administrativos y territoriales. Hoy día, este enclave geográfico está repartido en cinco provincias distintas, cuando la mayor parte de sus características socioeconómicas, lingüísticas y culturales siguen siendo tan homogéneas como cuando el destino me trajo aquí. Ya les adelanto que en más de una ocasión tendrán que disculpar que este viejo paladín de lo que fue el Reino de Tudmir, contamine con sus emociones su aparentemente irracionales comentarios.

Casi olvido que probablemente muchos de ustedes se preguntarán qué importancia tiene que sea un laúd de diez cuerdas. Es difícil ser objetivo cuando uno habla de sí mismo, pero me explicaré con la misma humildad que tenía el artesano que me construyó hace muchísimos años.

Los laúdes antiguos de origen persa sólo tenían cuatro cuerdas dobles que se correspondían con los cuatro temperamentos del hombre. La primera cuerda era amarilla como la bilis y se llamaba azzir. La segunda cuerda o matzad, era del color de la sangre. La cuerda del mismo color que la pituita blanca se llamaba mitela o triple. La cuarta cuerda se llamaba albamm o grave y era negra como la atrabilis responsable de la melancolía humana. Zyriab quiso que el laúd tuviera alma y por ello añadió una quinta cuerda roja que situó en medio de las demás y así dotar al instrumento de mayor delicadeza y capacidad de expresión.

Aunque Zyriab nunca pisó el Reino de Tudmiria, volveré a hablar sobre él en la próxima ocasión. Es de bien nacido ser agradecido, especialmente con un excelente músico formado en Bagdad y que al llegar a Córdoba fundó el primer conservatorio de música del mundo islámico, al tiempo que revolucionó el arte musical de su tiempo con muchas invenciones y mejoras.

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